Lo que más predice el éxito en terapia es el vínculo terapéutico o relación terapéutica, que es lo mismo.
Es lo que tú y yo construimos en sesión para con el otro.
Gracias a este vínculo podemos ayudar de forma más ecaz.
Mis vínculos, en sesión, suelen ser afectuosos, dependiendo del ajuste de la persona con la que trabaje, por supuesto.
En general, mis vínculos, en sesión, suelen ser afectuosos. Me alegro y felicito por los logros, me entristezco y acompaño cuando la persona que tengo en frente se encuentra en una situacion complicada. Toco y abrazo si es necesario, si me lo piden, si encaja.
¿Cómo no voy a abrazar a alguien que me abre su alma en canal y que, al nalizar, me pide un abrazo?
No entiendo no hacerlo si encaja, si cuadra.
Cada terapeuta es un mundo, supongo.
Yo soy una terapeuta, en general, afectuosa.
Actualmente llevo procesos psicólogos que quizá acaben antes de tiempo.
En breve dejo mi trabajo actual. Inevitablemente. Y hay personas con las que llevo un proceso fantástico, con un vínculo maravilloso.
Me han avisado de que el hecho de acabar el proceso ya las remueve, que no quieren verme ir y las entiendo tan bien, porque yo no me quiero ir de ese proceso, de ese vínculo, quiero seguir trabajando con ellas, quiero acompañarlas, sostenerlas y ver, a través de sus ojos, su vida y sus ganas de mejorar.
Otras personas, simplemente han dejado de venir a sesión porque «sus demonios» le impiden seguir adelante sabiendo que me queda poco… Ojalá abrazar a todas estas personas y decirles: Todo va a estar bien (aunque tarde un poco), has vivido sin mí toda tu vida y puedes seguir haciéndolo.
Podemos buscar la forma de seguir trabajando en este proceso y si no la encontramos, puedes seguir adelante. Confío en ti. Mereces una buena vida. Conocerte ha sido fantástico. Gracias por todo lo que me has enseñado.
Ya veis: soy una terapeuta afectuosa, para mí, la terapia sin afecto es como un coche sin volante. No tiene sentido.